06 Oct, 2019

Sobre la zarzuela Coronis (III)

Publicado Por: Toni Pons Visitas: 396

Argumento de Coronis 

En la zarzuela se ponen en escena dos tramas distintas que se relacionan mutuamente a través del personaje principal de la obra, Coronis. Por un lado, está la historia protagonizada por el monstruo marino Tritón y por la ninfa Coronis. Neptuno, que está enamorado de Coronis, envía a Tritón para capturar a la ninfa mientras ella está cazando, pero tras contemplarla, el monstruo se enamora de ella. Coronis, sin embargo, rechaza firmemente las pretensiones amorosas del monstruo, y este trata de llevarse a la ninfa por la fuerza. Los cazadores que acompañan a Coronis persiguen a Tritón hasta que termina arrojándose al mar. En la segunda jornada vuelve a repetirse el encuentro entre Coronis y Tritón: a pesar de que Tritón ha acudido a salvar a la ninfa del incendio del templo, Coronis vuelve a rechazar con violencia al monstruo y este intenta raptarla de nuevo. Finalmente, Apolo socorre a la ninfa matando al monstruo con su arpón. La segunda acción que se representa en la obra es el enfrentamiento entre los dioses Neptuno y Apolo por conseguir el culto de la región de Flegra. Este enfrentamiento se resuelve mediante un decreto de Júpiter que hace descansar en Coronis la elección del dios tutelar de la comarca. Coronis elige finalmente a Apolo como recompensa por haberla librado del monstruo Tritón.

La zarzuela comienza escuchándose, fuera de escena, a un grupo de cazadores, entre los que se encuentra la ninfa Coronis, que están persiguiendo por el bosque una corza herida a la que tratan de dar caza. Mientras tanto, sale del mar Tritón, un monstruo marino medio pez y medio hombre, que se dirige hacia el bosque donde está Coronis. Los graciosos Menandro y Sirene, situados en la playa, ven al monstruo y describen la escena temiendo por su vida. Se asiste entonces a un episodio protagonizado por Coronis y Tritón en el que la ninfa rechaza violentamente al monstruo y él trata de tranquilizarla y seducirla. A pesar de la falta de acotaciones escénicas en la partitura, todo parece indicar que este primer cuadro escénico transcurre en un doble plano: en la parte inferior se ha de ver una playa, de donde surge Tritón y donde se sitúan los dos graciosos, mientras que en la parte superior se ha de ver un bosque, a donde asciende Tritón y donde tiene lugar su primer encuentro con la ninfa. Ambos planos estarían comunicados por una tramoya conocida en la época con el nombre de «monte» o «despeñadero»[1], una rampa con escalones decorada por ramas, rocas u otros elementos. Mientras tiene lugar el encuentro entre Tritón y Coronis, los graciosos, que están escondidos al nivel de la playa, comentan mediante recitados el peligro que corre la ninfa, y con el dúo «Corred, cazadores» (que se repite varias veces, sirviendo de elemento unificador de todo el bloque) llaman a los cazadores del bosque para que acudan a salvarla. Coronis explica a Tritón que teme que se cumpla el vaticinio que le ha comunicado el adivino Proteo de que va a morir sepultada en las olas del mar, a lo que Tritón responde que no debe temer nada de él, puesto que se ha enamorado perdidamente de ella. Ante el firme rechazo de la ninfa, Tritón amenaza con llevársela a la fuerza. En este momento Coronis canta el lamento-invocación «Dioses, piedad», y al terminar de entonarlo, cae desmayada. Llegan finalmente los cazadores en socorro de la ninfa y obligan a Tritón a huir arrojándose al mar. Al contemplar desmayada a Coronis, los cazadores y los graciosos Menandro y Sirene manifiestan su dolor y pasan a consolarla, dado que ha salido bien de su encuentro con el monstruo. Coronis, sin embargo, manifiesta su pesar porque la «estrella» dicta que «infelice muera». Entonando el cuatro «Busquemos del monte», todos marchan a consultar al sabio Proteo para que les aconseje a qué dios deben acudir a fin de que les libre del monstruo. Los graciosos Sirene y Menandro entonan entonces unas coplas en honor de la belleza de Coronis, a las que el coro contesta «Viva muchos años, muchos siglos viva». Aunque en la partitura no venga indicada ninguna acotación escénica, en este punto tendría lugar una mutación escénica de bosque o selva, puesto que el «cuatro» con que termina el episodio anterior empieza por el texto «Busquemos del bosque». También es posible que durante este episodio se viese sobre el escenario una cueva o gruta, ya que era una convención bien asentada en el teatro hispano que los sabios o adivinos, a modo de eremitas, viviesen en ellas, como signo de recogimiento y alejamiento del mundo. Se ve entonces a Proteo pronosticar la futura batalla que van a librar los dioses por hacerse con el tutelaje de la región de Flegra, al tiempo que explica los antecedentes de la acción: Apolo está celoso de que Neptuno haya enviado a Tritón para raptar a Coronis, Neptuno está ofendido de que Apolo quiera quitarle a Coronis, Tritón se ha enamorado de Coronis cuando iba a raptarla y, por último, las ninfas y los zagales están acercándose para pedirle consejo. Finalmente, después de llegar Coronis y los demás a la morada de Proteo, este les aconseja que acudan a Apolo, pues «ese dios tan solo os podrá librar». Cuando los habitantes de Flegra deciden ir al templo para adorar a Apolo, entonando el cuatro «Viva de Apolo, viva el bello esplendor», se aparece Neptuno cantando la tonada «Muera el Sol» en la que amenaza con inundar todo el territorio. Ante el terror que manifiestan los habitantes de Flegra, Proteo les insiste en que deben acudir a Apolo y les anuncia que este dios está a punto de llegar. Apolo se aparece entonces cantando la tonada «Al arma, rigores», por medio de la cual se opone a Neptuno. Ambos dioses entablan una pelea, y aunque de nuevo no haya en la partitura ninguna acotación escénica que lo indique, parece que es Neptuno quien sale vencedor de ella, puesto que en el «cuatro» con que se da inicio a la segunda jornada se justifica el culto a Neptuno por haber vencido este dios previamente a Apolo.

La segunda jornada de Coronis, más extensa que la primera, comienza con el «cuatro» ceremonial «Al dios de los mares». Mediante este «cuatro», los habitantes de Flegra animan a dar culto a Neptuno por ser el dios que ha rendido a Apolo en la lucha que ha tenido lugar al final de la primera jornada. El cuadro escénico parece transcurrir en un templo en el que ha de estar visible una estatua de Neptuno, puesto que más adelante, como veremos, Apolo va a derribar esta estatua. Después del «cuatro» viene un extenso recitado en el que Proteo se declara partidario de Apolo y advierte a los demás personajes de la desgracia que puede caer sobre ellos por haber ofendido al dios del Sol. Todos responden enojados a esta advertencia, y Coronis, mediante el aria «Encienda la llama de mi adoración», manifiesta su encendido fervor hacia Neptuno. Proteo responde a través de un extenso monólogo, que consiste en un recitado y un aria Da Capo, en el que predice que los dioses van a descender a la tierra «humanados» y que van a dejar el templo «a cenizas reducido». Coronis responde a Proteo afirmando su convicción de que Apolo va a triunfar sobre Neptuno. En este momento sale Apolo a escena declarando que va a ser él quien va a vencer y derriba la estatua de Neptuno, al tiempo que entona el solo «Deidad que es mi oprobio». Ante este acto de profanación, los habitantes de Flegra, incluida Coronis, manifiestan profundamente su malestar. En respuesta a estas quejas, aparece Neptuno cantando el solo «No temáis, no lloréis», en el que afirma su poder ante Apolo y amenaza a todos aquellos que no le son partidarios. Tras expresar los personajes su espanto, se oyen, posiblemente fuera de escena, dos coros, uno ensalzando a Neptuno («Viva Neptuno») y otro ensalzando a Apolo («Y viva de Apolo»), que representan la división que reina entre los habitantes de Flegra sobre quién ha de ser el dios tutelar de la región. Coronis manifiesta entonces su duda mediante el solo «De quién se ha de esperar», en el que considera indeseables las dos alternativas, pues «si Apolo ha de abrasar, Neptuno [ha de] sumergir». En este punto tiene lugar una mutación escénica, que según se infiere del propio texto cantado, debe ser de playa con el templo situado en un nivel superior. El cuadro escénico comienza con Tritón en la playa animando a los seres marinos (tritones y nereidas) para que celebren y aplaudan a su amada Coronis, a la que presenta tópicamente como una diosa digna de culto. Tritón continúa comportándose como un galán cortés en la tonada «Decidme, plantas», en la que, dentro de un tópico literario muy extendido, pregunta a los seres de la Naturaleza, testigos de sus amores, dónde está Coronis. Tras esta tonada, viene un recitado en el que los personajes que se encuentran en un nivel superior (Ninfa 1ª, Coronis, Menandro y Sirene) interrumpen con sus quejas el cantar amoroso de Tritón, ya que el templo se ha incendiado a causa del enfrentamiento entre los dioses y sus partidarios. Se escucha entonces un «cuatro» elaborado y descriptivo, que comienza con el texto «Que el templo se enciende», en el que los habitantes de Flegra solicitan socorro. Tras escuchar Tritón este «cuatro», se dispone a salvar a Coronis del incendio. Observa, sin embargo, que «desde la alta cumbre» en que está situado el templo baja precipitada la ninfa. Tritón la recoge en sus brazos, y aunque en un principio se muestra agradecida, Coronis reacciona violentamente al reparar que está «en manos de la fiera». El monstruo procura tranquilizarla afirmando que no es una fiera cruel, sino un amante rendido. Sin embargo, tras un duro enfrentamiento con Coronis, Tritón amenaza por segunda vez con raptar a la ninfa, impidiéndoselo esta vez Proteo y Apolo, quien dispara su arpón contra el monstruo. Mortalmente herido, Tritón marcha de escena y le siguen Apolo, Proteo y Coronis, quedando entonces solos los graciosos Menandro y Sirene, que protagonizan un episodio que, a modo de sainete inserto en la trama, consigue retrasar el desenlace de la acción. Sirene le reprocha a Menandro que no haya hecho nada por salvarla del incendio, a lo que Menandro contesta que las mujeres solo sirven «para guisar, para servir, para coser». Sirene entonces trata a Menandro de «simplón», «insolente» y «grosero», y le advierte que el marido ha de «trabajar» y «ganar» por su mujer. La escena se interrumpe cuando se oyen dentro las voces de Coronis, Apolo y Proteo, quienes están persiguiendo a un malherido Tritón. Una vez que han salido a escena estos personajes, el monstruo entona el aria-lamento «Ya, sacros cielos» justo antes de morir. Tras la muerte de Tritón, Coronis canta la exultante aria «Viva, viva de Apolo» en alabanza de su dios salvador. Neptuno amenaza entonces a todos los habitantes de Flegra por la muerte de Tritón y por la ofensa que ha recibido, «como dios y como amante», de parte de Coronis. Se enfrentan los dioses Apolo y Neptuno en el dúo «Ea, espumas a lidiar», un enfrentamiento que queda interrumpido al aparecer Iris, mensajera del dios supremo y símbolo de la paz, advirtiendo que Júpiter ha decretado que sea Coronis la que decida quién ha de ser el dios tutelar de la región. En el aria «Premie mi amor» Coronis argumenta que entrega su amor a Apolo, a la vez que lo elige como dios tutelar, por haber mostrado públicamente su poder al librar a la región de Flegra del monstruo. En el último recitado de la zarzuela, Neptuno anuncia que, viéndose despreciado por Coronis, se va a arrojar a las heladas aguas; Proteo pronostica que se acabaron las desgracias (aunque la audiencia, conocedora del mito de Apolo y Coronis, sabe que esto no es verdad); Apolo pide que todos acudan a su templo para adorar a Coronis; Menandro solicita la mano de Sirene, y esta se la concede; y finalmente Iris, mientras regresa al cielo, anima a los habitantes de la región a alabar a Coronis.

[1] J. E. Varey: «Sale en lo alto un monte: un problema escenográfico», en Hans Flasche (ed.): Hacia Calderón. Octavo Coloquio Anglogermano (Bochum, 1987), Franz Steiner, Stuttgart (1988), pp. 162-172.

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